Testigos del Genocidio

 

Justicia Universal

 

La situación en la región del Tíbet, en manos chinas, nunca fue fácil. La represión es histórica. Y se recrudeció en los años ochenta: un millón de muertos se cree que hubo. Numerosos testigos lo han contado. Detenciones arbitrarias, torturas, esterilizaciones forzadas, desaparecidos, reclusiones en aislamiento… El relato del horror se ha ido escribiendo durante años a través de los testimonios de víctimas. Y mucho de ello está recogido en las dos querellas interpuestas por genocidio en la Audiencia Nacional en España. Al hilo del caso, en noviembre de 2013 la Audiencia ordenó la detención de cinco altos cargos chinos, orden aún vigente. Para evitarlo, y eludir así el conflicto diplomático con la gran potencia, el Gobierno español propuso una reforma de la jurisdicción universal a mediados de enero de 2014. Si el caso se archiva quedaría sin seguimiento la investigación de las denuncias presentadas. Esta fogalería cuenta la historia de algunas de las personas que están detrás de las denuncias.

 

Galería de testigos que declararon en la Audiencia Nacional de Madrid, España.

 

Palden Gyatso

Palden Gyatso (1932) es el nombre que este monje eligió cuando decidió dedicarse a la vida religiosa. Significa ‘Gloria del océano’. Y el océano ha cruzado Palden Gyatso varias veces para relatar los horrores vividos durante su larga reclusión. Logró la libertad en 1992, tres décadas después de su detención en 1959. Entonces tenía 27 años, llevaba desde los 10 en un monasterio budista, y acababa de participar, junto a otros monjes, en una manifestación en defensa del Dalai Lama, días antes de la invasión china del Tíbet. Pasó por las cárceles de Sangyip y Drapchi. Reclusión en aislamiento extremo y con grilletes dentados, palizas, quemaduras, descargas de alto voltaje con porras eléctricas y violaciones con tales instrumentos… Son sólo algunas de las torturas a las que fue sometido. Aparecen en un informe redactado tras un examen médico forense que le hicieron en EE UU en 2002. El monje describió su vida perdida en el libro ‘Fuego bajo la nieve. Memorias de un prisionero tibetano’, redactado por el escritor Tsering Shakya.

 

Takna Jigme Sangpo

“No nos trataban como a seres humanos sino como a animales”. Zangpo lo afirmó ante los periodistas en 2009, en Madrid, cuando vino a declarar en la Audiencia Nacional. Lo repitió en la causa contra dirigentes chinos que instruía el juez Santiago Pédraz. Lo contó también ante el juez Ismael Moreno. El supuesto genocidio fue perpetrado por las autoridades chinas en Tíbet en los ochenta y noventa y el testimonio de este maestro de primaria -84 años, larga barba canosa- fue de los más importantes. Dados sus 37 años de encierro es el preso político tibetano más veterano. Su primer ingresó fue en 1965, una condena a tres años de “reeducación” por “corromper las mentes de los niños con ideas reaccionarias”. Luego acumuló condenas en defensa de su pueblo. Gran parte de su reclusión transcurrió en la cárcel de alta seguridad de Drapchi, que los internos asocian a todo tipo de abusos. “Vi morir a decenas de compatriotas. El patio se cubría, a veces, de sangre”, relató en entrevista a este periódico en ese 2009, siete años después de recuperar la libertad. Vive exiliado en un monasterio budista cerca de Zúrich.

 

Blake Kerr

Decidió que la defensa de la causa tibetana sería la suya siendo un joven médico estadounidense de 29 años. Recién acabada la carrera quiso visitar el Everest, pero aquel viaje, allá por 1987, no lo recuerda por las maravillas naturales de la región, sino por la violencia y la represión contra los monjes. Ante el desinterés que encontró en su propio país al denunciar los abusos vistos, decidió volver a Tíbet para recopilar documentación. Reunió CDs, DVDs y papeles en una mochila de 20 kilos. Con ella llegó a Madrid en 2011 para testificar en la investigación instruida por el juez Moreno por genocidio. Su testimonio detalla las prácticas de esterilización forzosa de las que fue testigo. Asegura haber conocido 144 de estos casos, 130 abortos forzados y ocho infanticidios. En este diario declaró: “Como minoría étnica no podían tener más de dos hijos y, si se pasaban, ponían inyecciones letales a los fetos y esterilizaban a las madres, sobre todo a las que, según ellos, sufrían retraso mental. ¿Y cómo determinaban tal discapacidad? Dependiendo de si sabían hablar chino o no”.

 

Bagdro

Fue uno de los líderes de las protesta de los monjes del monasterio de Gaden en Lhasa en 1988. “¡Tíbet es una nación independiente! ¡Tíbet Libre! ¡Viva el Dalai Lama!”, gritaron los religiosos en un festival organizado por el Partido Comunista Chino. Bagdro lo pagó con una condena de tres años en las cárceles de Gutsa y Drapchi. Allí se negó a declararse culpable del asesinato de un policía. Y por eso, según su relato, fue torturado. “Cuando negué este asesinato me dejaron de pie, desnudo, al aire libre en el hielo, durante 35 minutos. Cuando me recogieron, la piel de las plantas de mis pies se habían congelado y sangraba”. Finalmente firmó una confesión. Fue liberado en 1991. Tras su excarcelación consiguió huir y cruzar el Himalaya a pie. Se estableció en Dharamsala, sede el gobierno tibetano en el exilio en India. Desde entonces ha viajado por todo el mundo para sensibilizar sobre la causa de su pueblo.

 

Thubten Wangchen

“El color granate nos protege del frío, el azafrán del calor y los ribetes azules son de ojo de elefante, que siempre mira hacia delante… como los monjes mismos”, así describe el monje Thubten Wangchen el hábito que viste desde que a los 16 años consiguió entrar en un monasterio. Finalmente ingresó en el de Namgyal, el templo del Dalai Lama en Dharamsala. Llevaba ya once en el exilio. Había huido de Tíbet con apenas cinco, en 1959, tras la invasión china de la región. Fue un tiempo duro, en el que experimentó la extrema pobreza y sobrevivió mendigando en las calles de Katmandú. Tras años de estudio, fue el mismo Dalai Lama quien le animó a viajar al extranjero. En 1981, aterrizó por primera vez en España, donde luego fundó la Casa del Tíbet, en Barcelona, de la que es ahora director. En las últimas elecciones del parlamento tibetano en el exilio, celebradas en 2011, fue elegido parlamentario para Europa. En su condición de español es acusación particular en la querella ante la Audiencia Nacional.

 

José Elías

“Significa muchísimo para las víctimas, pero también para la salud de la democracia española y para la independencia de poderes”. Así comentaba hace unos meses José Elías la noticia de la solicitud de extradición de cinco miembros de la nomenclatura china en la investigación abierta en la Audiencia Nacional por genocidio. Fue él, junto al Comité de Apoyo del Tíbet y Casa del Tíbet, quien presentó las dos querellas ante el organismo jurídico español apoyándose en la jurisdicción universal. Ahora, ante la propuesta de reforma planteada por el Partido Popular, tiene claro el efecto que esta tendrá si es aprobada (previsiblemente el próximo martes): “Los casos se archivarán ipso facto”. De nuevo, crímenes que se quedarían sin juzgar. Elías, que hace 16 años, escribió su tesis doctoral sobre las matanzas en Tíbet, reunió decenas de casos de torturas. “Son auténticas aberraciones; hablamos de la revolución cultural de Mao. Es algo que pasó anteayer”, dijo en una entrevista a este diario comentado las órdenes de detención de ex líderes chinos de la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. “La resolución está ahí desde hace tres meses”, comenta ahora. “Pero el juez sigue sin darle curso”.

 

Tash Despa

En 2008 el exiliado Tash Despa volvío al Tíbet del que había huido 11 años antes para documentar la vida diaria en la región. Durante tres meses y poco antes de que estallaran las manifestaciones del marzo de 2008, recorrió clandestinamente el país con una cámara oculta y junto con el director Jezza Neumann, grabó en secreto el testimonio de víctimas de arrestos arbitrarios, detenciones y torturas, evidencias de esterilizaciones forzosas. El resultado fue el documental ‘Infiltrado en el Tibet’, una producción británica de True Vision para Channel Four. Su testimonio se recoge también en la querella presentada ante la Audiencia Nacional por genocidio.

 

Tash Despa y Alán Cantos

“José Elías es el auténtico Quijote, yo como mucho soy su Sancho Panza”. Bromea Alán Cantos cuándo se le pregunta sobre su compromiso con la causa tibetana y su labor para organizar las querellas interpuesta ante la Audiencia Nacional. Director del CAT-Comité de Apoyo al Tíbet, Cantos, que es oceanógrafo físico, se cruzó con la causa tibetana tras la muerte de su madre, cuando viajó a un monasterio tibetano en el sur de la India y empezó a colaborar con organizaciones protibetanas inglesas. La estancia duró casi un mes y de alguna forma le cambió. “El Tíbet empezó a entrar en mi vida de forma casi obsesiva”. En 2003, organizó la visita del Dalai Lama a España. “No sé ni cómo lo conseguimos”, recuerda ahora.

 

Ngawang Sangdrol

A los 15 años, cuando ya llevaba dos en un convento de monjas tibetanas, Ngawang Sangdrol, recibió su primera condena. Tres años de cárcel por participar en manifestaciones contra la ocupación china del Tíbet. Saldría de prisión una década después gracias a la presión de gobiernos y organizaciones internacionales. Durante su estancia en la cárcel de Drapchi, de las más duras, sufrió palizas e incomunicación durante seis meses. El testimonio de Sangdrol fue presentado ante la Audiencia nacional, aunque ella no testificó directamente ante el juez. Otras monjas de su misma prisión, Rinzin Choenyi y Lhundup Zangmo, testificaron desde Bélgica. “Cuando la conocimos, tenía mucho miedo y no entendía aún el proceso legal. Asociaba la idea de la justicia y la gente en uniforme a la violencia vivida. Y pensaba que, si testificaba, los autores de los abusos sufridos recibirían el mismo trato. Y no quería”, cuenta Cantos, director del Comité de Apoyo al Tíbet. Sangdrol vive ahora en Estados Unidos y trabaja como analista de Derechos Humanos en la International Campaign for Tibet en Washington.